
Hoy en día las acciones relacionadas con la ayuda solidaria remiten a las donaciones. “Si no me sobra la plata, no puedo ayudar”, es la respuesta de muchos. ¿Alguien se pregunta si está ayudando o siendo solidario en su casa? Quizás la objeción más común sea “nadie allí necesita mi ayuda”.
Pensando cómo aparecen las opciones. “Lo contentos que se van a poner los abuelos si voy a visitarlos todo un día entero”, se ilumina alguno. Darle una mano a un hermano o primo con la tarea o incluso colaborar con una mamá cuando tiene que traer las bolsas del súper también son opciones.
La ayuda colectiva o en una asociación son posibilidades que existen. Sin embargo, el cambio puede empezar por el eslabón más pequeño: desde uno mismo y en su casa. Lo importante es que existan las ganas y la esperanza. Luego eso puede repercutir en otros y extenderse hacia otras actividades que requieran más tiempo y concentración.
Texto producido desde el Programa Pasantías (ver Sobre Nosotros).





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