
Israel (Robert) Aumann es un matemático israelí y ganó el Premio Nobel de Economía en 2005. Llevó a la ceremonia de entrega a toda su familia: sus cinco hijos con sus esposas, sus 19 nietos, el esposo de su nieta, sus dos bisnietos, su hermano y su segunda esposa Batya. Ponerlos a todos en un exclusivo hotel durante diez días consumió una buena parte del premio (que compartió con Thomas C. Schelling) pero el profesor entendió que la unión familiar valía mucho más que eso.
Aumann nació en una familia judía ortodoxa En 1938 escaparon de Alemania a Estados Unidos, donde estudió en una yeshivá. Siendo joven se debatió entre convertirse en un erudito del Talmud o en un matemático. “Me ofrecieron trabajo aquí (en la Universidad Hebrea) y también varios trabajos en Estados Unidos. Dudé mucho. ¿Por qué el prometedor joven matemático escogió ir a Israel, un país en guerra que en ese momento tenía tan sólo 8 años de existencia? “Hice Aliá –explicó- porque este es un sueño que el pueblo judío ha soñado durante miles de años, y yo quería ser parte de ese sueño”. Aún cuando su hijo mayor Shlomo falleció mientras servía en el ejército israelí durante el combate contra los sirios, dice no haber tenido una crisis de fe. “Esto es parte del precio que pagamos por vivir en Israel”, confesó.
“Nadie se gana el Premio Nobel sólo por ser inteligente. Tienes que trabajar muy duro”, explicó su hija Miriam. “Mi padre y mi madre tenían una relación muy especial basada en el amor, el respeto mutuo y el esfuerzo. Mi madre siempre creyó en él”, recordó. Su historia terminó después de 45 años, cuando Esther murió de cáncer. “Él estaba destrozado”, recuerda su yerno David. La perseverancia, uno de sus rasgos fundamentales, lo ayudó a salir adelante.
El profesor se retiró oficialmente hace cinco años, pero a los 75 continúa su romance con sus cuatro amores: la teoría de juegos, su familia, la naturaleza y la Torá. Dicta tres clases en la Universidad Hebrea, recoge a sus nietos del jardín infantil y los lleva a su casa cuando sus padres están ocupados; esquía, hace caminatas, escala algunas de las montañas más hermosas del mundo; y estudia Torá regularmente con el mismo compañero que ha tenido durante los últimos 30 años. Una vez cuando su hijo retó a uno de sus nietos por comer sobre sus libros, el erudito abuelo objetó: “Come sobre tu libro, bebe sobre tu libro, vive sobre tu libro”.
En el mundo de los negocios, la gente roba dinero. En el mundo académico, la gente roba ideas. Uno de los rasgos sobresalientes del profesor es el dar crédito a las demás personas, ya sean profesores, colegas o estudiantes. Ha tomado las decisiones más difíciles de su vida basándose en los principios de la Torá: “Puedes ser una persona moral, pero la moral muchas veces está equivocada. La religión en cambio – por lo menos la mía – es una especie de fuerza, es una forma de compromiso para comportarnos de cierta manera, lo cual es bueno para el individuo y bueno para la sociedad”, manifestó Aumann “No todo en este mundo –reflexionó- tiene que ver con racionalidad. El estilo de vida de un judío religioso no es racional o irracional, sino una hermosa manera de vivir”.





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