
Por Gila Manolson* para Aish Latino.
“Mucha gente cree que el amor es una sensación que se genera mágicamente, espontáneamente, cuando aparece la media naranja. La clave es la pasividad. Erich Fromm, en su famoso tratado “El Arte de Amar”, destacó la triste consecuencia de este error de concepción: “Es muy difícil encontrar una actividad, un emprendimiento, que comienza con esperanzas y expectativas tan tremendas, y sin embargo fracasa tan regularmente, como el amor”. Entonces, ¿Qué es el amor real y duradero?
El amor es el cariño que resulta de apreciar profundamente lo bueno de otra persona. La mayoría de las historias de amor no tienen como protagonista a una pareja extasiada por la ética del otro (“¡Estoy cautivada por tus valores!”, le dijo él a ella apasionadamente. “¡Y yo nunca conocí un hombre con una moral tan alta!”, ella respondió). Para la mente judía, esto no es nada inesperado. Lo que más valoramos en nosotros es también lo que más valoramos en los demás. Di-s nos creó para que nos veamos a nosotros mismos como “buenos” (necesitamos racionalizar o arrepentirnos de nuestros errores). Y así también, buscamos lo bueno en los demás. El físico, una personalidad atrayente, inteligencia y talento pueden atraerte, pero la bondad es lo que te mueve hacia el amor.
Si el amor proviene de apreciar lo bueno, entonces, no es algo que simplemente ocurre, tú puedes hacer que ocurra. El amor es activo. Puedes crearlo. Sólo debes enfocarte en lo bueno de otra persona (todos tienen algo). Si puedes hacerlo fácilmente, entonces amarás fácilmente. (…) El judaísmo realmente idealiza este amor universal e incondicional. Por supuesto, hay una enorme distancia entre esto y el amor personal y profundo que se desarrolla con el pasar de los años, especialmente en el matrimonio. Pero ver lo bueno es el comienzo.
Por la manera en que Di-s nos creó, las acciones afectan nuestros sentimientos. Por ejemplo, si quieres ser más compasivo, tener pensamientos compasivos puede ser un buen comienzo, pero dar tzedaká (caridad) te dará el mejor resultado. De la misma manera, la mejor manera de sentir amor es amando, y eso significa dar. Mientras la mayoría de la gente cree que el amor lleva a dar, es exactamente lo opuesto: el dar lleva a amar. El dar verdadero, como lo señala Erich Fromm, requiere cuatro elementos. El primero es el interés, demostrando activamente preocupación por la vida y el crecimiento del receptor. El segundo es responsabilidad, respondiendo a sus necesidades, las que exprese y las que no. El tercero es respeto, la habilidad de ver una persona como lo que es. Dependen de un cuarto: conocimiento. Sólo puedes interesarte por otra persona, ser responsable por ella y respetarla, en la medida en que la conoces.
El efecto del dar genuino orientado hacia los demás es profundo. Te permite ingresar al mundo de la otra persona y te posibilita percibir lo bueno de ella. Al mismo tiempo, implica invertir tiempo en la otra persona, permitiendo que la ames como a ti mismo. Cuanto más das, más amas. Es por esto que tus padres (quienes te han dado más de lo que alguna vez sabrás) te aman indudablemente más de lo que tú los amas a ellos, y tú amarás a tus propios hijos más de lo que ellos te amarán a ti. Porque el amor profundo e íntimo emana del conocimiento y del dar; no aparece del día a la noche, sino con el tiempo (…)”.
*Autora de The magic Touch entre otros libros, es una reconocida conferencista internacional y vive en Jerusalem con su familia.





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