
Por Daniel Alberto Cohen*
Con 19 años, allá por el 2002, comencé a participar del programa. Me insistió un amigo cercano, Damián Klein, quien estudiaba con un buen grupo y además recibía una beca. Eran tiempos difíciles y ambos motivos se cruzaron a la hora de animarme a participar. Vivía en San Isidro, sabía que tendría mucho que viajar, pero aún así sentía que valía la pena el esfuerzo. Si bien contaba con una base de judaísmo -al haber pasado por el Colegio Tarbut y por Hebraica de Martínez -, nunca había tenido la posibilidad de estar frente a morim como los de Sucath David. Tenía mis prejuicios y miedos típicos, que pronto fueron superados.
Mis preguntas, a veces de lo más provocativas -típicas del “adolescente rebelde”-, siempre tuvieron respuestas elaboradas, a fin de que aprendiera aquello que desconocía. También recuerdo las salidas a pizzerías, los partidos de fútbol y otras actividades sociales que nos hacían unirnos como grupo de estudio. Realmente comencé a disfrutar y aprender mucho, como también ponerme los Tefilin o vivenciar un Shabat, conservando su máxima esencia. Todos estos son momentos que experimenté por primera vez con Sucath David.
Por motivos de tiempo tuve que dejar de participar algunos años y retomé en 2008, convocado nuevamente por Axel Faiman, otro alumno de los “históricos” como yo. En esta nueva etapa, me reencontré con Morim que hacía mucho tiempo no veía: el Rab Rubén Srugo, el Dr. Eduardo Cohen, el Rab Dan Embon. Aprendí muchísimo de ellos en los primeros años y sigo haciéndolo ahora.
Hace unos meses, cuando nació mi sobrino fue una inmensa alegría que el Dr. Cohen accediera a realizarle el brit, con la dedicación que pone siempre. Sólo tengo palabras de agradecimiento para todos los que trabajan en Morashá, por la posibilidad que nos dan a todos los alumnos de contar con un espacio genuino de judaísmo y contención.
*Programa Pasantías – Morashá Sucath David















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