“Los niños no eran buena mano de obra en los campos de concentración”, recuerda el Rabino Lau, el sobreviviente más joven de Bunchenwald. Tenía entonces sólo 8 años. Cuando para mucha gente el Holocausto creo una crisis en su fe, a él le dio “la motivación para continuar aquello que los alemanes quisieron cortar”, reflexiona, quien se convertiría en el Gran Rabino de Israel.
Lo mismo que en su momento inspiró a Leandro Katz y Matías Duek, lo que te propusimos el año pasado en el concurso: ¿Qué significa ser judío? Porque nunca está de mas volvernos a hacer la pregunta, porque siempre encontramos nuevas respuestas que nos inspiran, porque recordamos lo que alguna vez nos contaron. “La mística judía”, un video de Aish Latino: ver.
“No hay nada más simple que convertir a Israel en el demonio y a los palestinos globalmente en las víctimas del demonio. Pero eso no es cierto ni es profesional”, analiza la periodista española Pilar Rahola en una entrevista que aborda temas polémicos: el terrorismo, el antisemitismo y el conflicto en Medio Oriente, los procesos totalitarios, el miedo a expresarse libremente.
Te invitamos a escucharlo, a reflexionar y a dejarnos una opinión.
El 18 de julio de 1994 a las 9.53 un coche bomba explotó en el frente del edificio de la AMIA. 85 personas murieron y 300 resultaron heridas en el atentado terrorista contra la mutual, fundada con el objetivo de brindar un marco formal de ayuda comunitaria.
Ante el 15º aniversario del atentado, se convocó a cuatro personalidades reconocidas por su trabajo en los medios para que se sumaran, en forma desinteresada, a potenciar la campaña de comunicación. Matías Martin, Federico D´Elía, Mariana Fabbiani y Martín Seefeld protagonizan “Despedidas”.
Cuando era una niña, fui confinada al campo de concentración Bergen Belsen. La gente moría diariamente debido al frío, enfermedades e inanición. Nuestras raciones de comida eran escasas y consistían en una rodaja de pan rancio servida con un líquido barroso al que llamaban café. Más tarde, nos servían sopa. Apenas comestible, la sopa estaba hecha de algunas verduras crudas que en los buenos tiempos se usaban como forraje para los animales del corral.
Muy pronto, cuando el hambre pasó su factura, incluso este líquido podrido se volvió un plato gourmet a nuestros ojos. Un día, oficiales de la Cruz Roja Internacional vinieron al campamento para realizar una inspección. Claramente indiferentes a nuestro sufrimiento, nuestros amos alemanes deseaban de todas formas impresionar a los visitantes. Para demostrar lo bien que nos alimentaban, los alemanes trajeron barriles de caracoles cocinados. Estábamos muriendo de hambre y cualquier cosa remotamente comestible nos parecía excelente. Pero, debido a que los caracoles no son kasher, en nuestro campamento nadie los tocó.
Mi querido esposo, Rabi Meshulem HaLevi Jungreis de bendita memoria, sobrevivió a laguerra comiendo sólo raciones magras de pan. En vano los alemanes intentaron obligarlo a que comiera comidas no kasher para que pudiera trabajar más duramente en los campos de trabajo forzado. Él se negó a violar las leyes del kashrut y emergió de la guerra pareciendo un esqueleto ambulante, pero con una poderosa presencia.
Habiendo leído historias como estas, consideremos la ironía de que judíos que viven en una sociedad en que las comidas kasher más deleitables están disponibles, en una multiplicidad de opciones y, sin embargo, optan por comer no kasher. ¿Qué nos dice esto? ¿Cómo lo entendemos?
El comer en nuestra sociedad se ha convertido en un estilo de vida. Los restaurantes que frecuentamos asiduamente están relacionados a nuestras vidas comerciales y sociales. Las comidas que disfrutamos a menudo se tornan una adicción, y no podemos renunciar a ellas. Así que racionalizamos: profesamos nuestra lealtad a la fe judía y no encontramos ninguna dicotomía en complacer nuestras preferencias no kasher. “Kasher,” protestamos ruidosamente, “es sinónimo de higiene” y nos convencemos que estas leyes se instituyeron en tiempos prehistóricos y ya no son relevantes.
Kasher, sin embargo, no posee connotación alguna con la buena salud o la limpieza. Hay sólo una razón para estas leyes y es que Di-s nos ordenó que guardáramos el kashrutpara poder convertirnos en una nación santa y así mantener nuestra primogenitura, que es nuestra herencia.
(…) Escribo este artículo con la esperanza de que los indiferentes al kashrut puedan sondear sus almas y echar una segunda mirada a su compromiso judío. Si judíos en los campos de concentración aceptaron el dolor del hambre en lugar de consumir aquello que Di-s prohibió, (…) entonces ¿qué posible excusa podemos tener hoy en el mundo moderno?
Tu música te acompaña siempre. No sólo en un Templo o en la casa de tu bobe y de tu zeide. En la línea B de subtes el acordeonista César Pavón Bublishky comparte su arte. Los oídos atentos agradecidos. Prendé los parlantes y esuchalo. No tiene desperdicio.
Compartimos el video “Perdón, más que una simple palabra” que se encuentra publicado en un sitio donde solemos encontrar producciones que merecen difundirse: aishlatino. El que elegimos hoy nos conecta con cosas cotidianas que también vale tener presentes en estas fiestas: ¿cuándo fue la última vez que le pediste perdón siceramente a alguien? ¿Sabés perdonar? ¿Te perdonás también a vos mismo?
Va la traducción: Algunas personas tienen siempre su disculpa en etapa de planificación. Y hay otros que retienen su disculpa y no la pueden sacar. A algunas hay que sacarles sus disculpas a la fuerza. Y hay otros que nunca piden disculpas en forma completa. Algunas personas piden disculpas tantas veces que es difícil saber cuándo realmente lo sienten. Mientras que otros nunca pedirán disculpas a menos que el otro lo haga también. Algunas personas susurran su disculpa tan suavemente que apenas es escuchada. Y hay otros que nunca pensarían en pedir disculpas. Para algunas personas “perdón” no es más que un juego de palabras. Y para otros su disculpa es parte de un plan estratégico
Algunas personas están separadas por sólo una disculpa. Y otros se reúnen por sólo una disculpa. Para algunas personas pedir “perdón” eleva sus límites y los lleva lejos. Y para otros les abre las puertas que estaban bajo llave. Durante la temporada de las altas fiestas es una costumbre judía pedir disculpas a amigos, parientes y conocidos a quiénes podríamos haber dañado durante el año que pasó. Las DISCULPAS limpian la hoja y crean un nuevo inicio. Just say it.
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